
LA ESPIRAL ASCENDENTE DE ROMERO
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@Carloshernando_ | Han transcurrido 45 días desde que el entrenador uruguayo se hiciese cargo del club. Un mes y medio donde el equipo ha vivido grandes cambios, desde incorporaciones importantes y obligadas en la defensa con la llegada de Demichelis y Luis Hernández y la llegada de José Rodríguez. También ha sufrido traspiés con las lesiones de Sandro y Recio, que visitaban la enfermería donde ya no se encontraban Keko y Charles, dispuestos a aportar su granito de arena en el esquema de su entonces nuevo entrenador. Afición, jugadores y cuerpo técnico se han enfrentado a uno de los meses más complicados que se recuerda, sobreviviendo a todos los problemas que vivió el equipo, sin apreciar lo maravilloso del fútbol: los goles y las victorias.
Marcelo Romero heredó un equipo con falta de identidad táctica y orden defensivo acompañado de un déficit de ambición. Ya lo dijo junto a Arnau en su presentación: “Quiero transmitir pasión, garra y el deseo de querer ganar”. El charrúa era consciente, al igual que todos los aficionados, que a la plantilla le faltaba espíritu competitivo y la ilusión por el fútbol. Consciente de todo esto, el uruguayo tuvo que afrontar un reto más que complicado y que no se solucionaría en un par de jornadas.
De hecho, su debut en Balaídos volvió a dejar en evidencia un sistema defensivo inoperante, con fallos impropios de Primera División y con una carencia en la idea ofensiva, obviando los primeros minutos donde se vio una nueva cara del equipo. Pero todo fue un espejismo que se trasladó a su estreno en La Rosaleda. En casa se vio de nuevo a un Málaga con el deseo de llevar el peso del encuentro, aunque fuese efímeramente. De ahí al Bernabeu, donde el equipo, a pesar de sufrir la fragilidad defensiva, mejoró su imagen sorprendentemente, viajando a Pamplona con la victoria en la mente. Solucionados los problemas defensivos con la pareja Demichelis-Hernández, era momento de afrontar la sequía goleadora frente a Osasuna; contra el colista, los de Romero dominaron a base de ocasiones a pesar de transformar solo una y fallar un penalti. Se merecía mucho más, pero el fútbol no quería.
Sin embargo, ya se podía apreciar un cambio en la tendencia del equipo. Romero dio con la tecla en los centrales, comenzó a liberar a un Fornals que dio rienda suelta a su imaginación y el equipo sintió que volvían a intimidar el área del rival, como ya sucedió ante el Espanyol, si bien el equipo periquito vino, tiró y venció. Contra el Villareal parecía que iba a ser el punto de inflexión deseado por todos, convirtiéndose en el mejor partido del Gato Romero. No es fácil jugar de tú a tú al equipo de Escribá, pero el plantel dio la cara gracias a un Charles que nos volvió a levantar del asiento y un José Rodríguez que aportó aire fresco, ideas y criterio al juego malaguista y Jony como revulsivo para pelear por un puesto en el once.
Las sensaciones son distintas. El balance de Romero, a pesar de no contar con una victoria, es positivo, pues el equipo ya muestra ambición, mordiente, orgullo, ideas y poco a poco una identidad de juego. Ahora solo falta que se haga justicia y que el equipo sume su primera y ansiada victoria, porque todos queremos ver hasta dónde puede llegar la plantilla después de sentir las mieles del triunfo.
