
Los errores que condenaron al Unicaja en el Olímpic
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El Unicaja se dejó una victoria importante en Badalona pero, por suerte, la derrota se cerró solo con cinco puntos de diferencia (71-66), una cifra remontable en el Carpena. No obstante, las sensaciones fueron bastante negativas. Los de Ibon Navarro mostraron varios errores muy claros, algunas de ellos repetidos, que desencadenaron, de nuevo, un choque muy irregular.
Los repetidos errores del Unicaja en el Olímpic
La primera, y quizá la más determinante, fueron las pérdidas de balón. Demasiadas, mal gestionadas y castigadas sin piedad por la Penya. Un total de 22 puntos encajados tras pérdida que son, como dijo Ibon Navarro en el postpartido, una bestialidad. Cada error se convirtió en una transición local, en canasta fácil o en un golpe anímico que fue minando a los de Ibon Navarro.
A esto se le sumó una asidua falta de ideas en ataque. A partir del segundo cuarto el buen movimiento de balón y los tiros liberados del Unicaja pasó en muchos momentos a ser atascos, abuso del bote y malas decisiones. La alta presión del Joventut, que cerró líneas de pase y desencadenó lanzamientos forzados de los cajistas, superó en varias ocasiones la creatividad de los malagueños.
También pesaron algunos rebotes clave. No tanto por el volumen total, porque lo cierto es que el resumen general fue similar (35-31), sino por el daño en momentos concretos. Segundas oportunidades que dieron aire a la Penya, cuando el Unicaja parecía tener opciones de engancharse al marcador en el tramo final.
El desacierto exterior tras el descanso fue otro punto notable. Un demoledor 2 de 15 en triples en la segunda parte. Irreconocible el conjunto de Los Guindos en este aspecto con respecto a los dos cuartos iniciales, en los que se sumaron 7 aciertos desde el perímetro.
A esto se sumó la lesión de Alberto Díaz, que no fue un error, pero, sin él, el Unicaja perdió una pieza fundamental en un partido que se jugaba en cada detalle. Estos factores dificultan seriamente ganar, sobre todo a domicilio, independientemente de la «testiculina» que los cajistas pongan sobre la pista.
