
Retratos para descubrirse a uno mismo: Escuela Nómada y Fundación Unicaja llevan su taller fotográfico a Imagina Álora
No todas las fotografías buscan recordar un momento. Algunas sirven para entender cómo nos vemos, cómo vemos a los demás y qué somos capaces de contar a través de una imagen. Esa fue la propuesta del taller que la Escuela Nómada de Fotografía, con el apoyo de la Fundación Unicaja, desarrolló durante tres jornadas en la Asociación Imagina de Álora, donde los participantes terminaron siendo fotógrafos, modelos y autores de unas obras muy personales.
Imagina trabaja para promover oportunidades juveniles, formativas y de movilidad en la provincia de Málaga, apostando por una sociedad más igualitaria e inclusiva. Partiendo de esa realidad, la Escuela Nómada preparó un taller pensado específicamente para el grupo, dejando a un lado un programa cerrado y buscando desde el primer día que todos pudieran participar.
La primera jornada fue una toma de contacto con la fotografía. La teoría estuvo presente, pero explicada de una manera sencilla y sobre todo muy participativa y divertida. También se habló, a través de proyecciones, de cómo una misma fotografía puede provocar sentimientos diferentes en cada persona, porque cada uno la interpreta desde sus propias experiencias, recuerdos y emociones.
El verdadero centro del taller llegó el segundo día. En lugar de salir a buscar fotografías por las calles, como sucede habitualmente en otros cursos, esta vez las imágenes estaban mucho más cerca: eran ellos mismos.
Los participantes comenzaron a fotografiarse unos a otros. Durante unas horas fueron alternando los papeles de fotógrafo y retratado, tomando decisiones sobre cómo querían fotografiar a un compañero y experimentando también qué significa ponerse delante de una cámara. El ejercicio permitió trabajar la fotografía, pero también algo tan cotidiano y a la vez tan complejo como observar al otro y dejarse observar.
El trabajo no terminó al realizar el retrato. Las fotografías fueron impresas y cada participante pudo intervenir sobre ellas, incorporando palabras, dibujos y otros elementos relacionados con sus sentimientos. De esta forma, una imagen que inicialmente mostraba un rostro acabó contando muchas más cosas sobre la persona que aparecía en ella.
“En este taller no tenía demasiado sentido preocuparnos por conseguir fotografías técnicamente perfectas. Nos interesaba mucho más saber qué podían hacer ellos con esas imágenes y qué querían expresar”, explica Mariano Pozo, director de la Escuela Nómada de Fotografía. “Cuando ves que empiezan a escribir, dibujar y transformar los retratos, entiendes que la fotografía simplemente les ha abierto una puerta”.
El tercer día llegó uno de los momentos fundamentales del proyecto de la Escuela Nómada y la Fundación Unicaja: la exposición. Las fotografías realizadas entre compañeros dejaron de ser ejercicios de un curso para ocupar una pared y convertirse en obras firmadas por sus autores, y ese pequeño cambio tiene una importancia fundamental.
Encontrar el propio nombre junto a una fotografía, enseñársela a los demás y comprobar que otras personas se detienen delante de ella supone un reconocimiento difícil de conseguir dentro de una clase.
“Hay un momento que para mí resume muy bien estos talleres”, señala Mariano Pozo, “es cuando empiezan a buscar dónde está su fotografía y, en cuanto la encuentran, llaman a alguien para enseñársela. Ahí notas que para ellos no es simplemente una foto colgada en una pared. Es algo suyo y están orgullosos de mostrarlo”.
Para la Escuela Nómada y la Fundación Unicaja, esa exposición forma parte del aprendizaje tanto como las dos jornadas anteriores, sobre todo por la repercusión directa que tiene en los alumnos participantes. Durante tres días, en Imagina en Álora se habló de fotografía, se hicieron retratos, se dibujó y se compartieron emociones. Pero quizá lo más interesante ocurrió cuando cada participante pudo colocarse delante de una pared, encontrar su nombre y reconocer como propia una obra que unos días antes todavía no existía.
