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La mirada no tiene edad: la fotografía despierta la creatividad de los mayores de El Perchel

A veces basta con detenerse unos segundos para descubrir que aquello que vemos todos los días puede convertirse en algo extraordinario. Una fachada, una sombra sobre la acera o un pequeño detalle que suele pasar inadvertido pueden encerrar una historia. Con esa premisa, el Centro Participación Activa de Mayores de El Perchel acogió un taller de fotografía que proponía a sus participantes algo más que aprender una técnica: redescubrir su entorno, estimular su creatividad y demostrar que nunca es tarde para explorar nuevas formas de expresión.

La actividad propuesta por la Escuela Nómada y Fundación Unicaja contó con una masiva participación y se desarrolló a lo largo de tres jornadas concebidas como un recorrido desde el aprendizaje hasta la creación y la puesta en común de los resultados.

La primera sesión estuvo dedicada a los fundamentos de la fotografía, con especial atención a cuestiones como la composición, la luz, el encuadre y la importancia de observar antes de disparar. Conceptos que pueden parecer sencillos adquieren una nueva dimensión cuando los participantes descubren cómo transformar una escena cotidiana en una imagen capaz de transmitir sensaciones, sobre todo si nunca antes lo habían hecho.

La segunda jornada llevó la teoría a la calle. Los alumnos salieron a fotografiar su entorno y pusieron en práctica lo aprendido, buscando motivos, experimentando con diferentes perspectivas y descubriendo detalles que quizá antes pasaban desapercibidos. No todos miran de la misma manera ni se detienen ante los mismos elementos, y precisamente ahí reside una de las riquezas de la fotografía y de los talleres de la Escuela Nómada y Fundación Unicaja: cada imagen refleja una mirada personal y una forma particular de interpretar la realidad.

Durante el taller, el teléfono móvil se convierte en una herramienta accesible para desarrollar todo el proceso creativo. Los participantes no solo aprenden a tomar fotografías, sino también a editar sus imágenes, ajustar la luz, trabajar los colores y mejorar los encuadres. De este modo, descubren posibilidades que van más allá del uso cotidiano de sus dispositivos y adquieren mayor confianza para desenvolverse en el entorno digital.

La tercera jornada, siempre es la más emotiva, ya que está dedicada a la exposición de los trabajos realizados. Las fotografías se convierten entonces en las protagonistas de un encuentro en el que los alumnos pueden mostrar sus creaciones y compartir con los demás el resultado de su esfuerzo. Cada imagen representa una pequeña conquista: un concepto aprendido, una dificultad superada o el descubrimiento de una capacidad que quizá no se había explorado anteriormente. La exposición sirve, además, para reconocer el trabajo de los participantes y reforzar la confianza en sus posibilidades.

El recorrido de estas tres jornadas resume la esencia del taller: aprender, salir al encuentro del entorno y dar visibilidad a lo creado. Una experiencia que demuestra cómo la fotografía puede unir formación, cultura, bienestar y participación social, al tiempo que abre nuevas oportunidades para disfrutar del aprendizaje.

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