
«Aparecer en el momento justo»
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Me decía mi buen amigo Javi Calvo, hablando sobre el Granada–Málaga, que salvo por lesión, a los buenos futbolistas hay que mantenerlos en el terreno de juego, aunque tengan un mal día. Justificaba esta aseveración al entender que aquellos jugadores dotados de más calidad siempre tienen un destello que puede ser determinante para el desenlace de un partido. Supongo que ya saben que en este grupo incluyo a David Larrubia.
El mago del barrio de La Luz no tuvo una tarde afortunada frente al Granada, como él mismo reconoció, algo que le honra porque no suele ser habitual que los futbolistas admitan sus errores. Cada intento de regate era frustrado por los defensores rivales y ni siquiera pudo mostrar sus cualidades de conducción o desborde. Sin embargo, Funes lo mantuvo en el campo, seguramente esperanzado en ese momento en el que el ‘flaco’ se sacaría de la chistera el truco definitivo para decantar el partido.
Fíjense que, en esto de las típicas puntuaciones de las crónicas de los periódicos, Larrubia pasó en un instante del 0 al 10. Su gol le dio los tres puntos al Málaga para saborear de nuevo la victoria lejos de La Rosaleda, para hacer justicia a lo que se veía sobre el terreno de juego, para que Chupe no tuviera que lamentar en exceso su fallo desde el punto de penalti, para que la afición malaguista disfrutara doblemente el desplazamiento a Granada, para que el derbi andaluz de Segunda División en el Día de Andalucía tuviera color blanquiazul y, lo más importante, para avivar la llama de la ilusión por el ascenso.
Pero no todos los honores deben recaer en solitario sobre Larrubia. Para que el partido terminara decantándose del lado malaguista tuvo que aparecer Aarón Ochoa. Otro día más, el boquerón irlandés demostró su calidad dando sentido al juego de medio campo en adelante. El Granada se vio desbordado, incapaz de aprovechar sus ocasiones en el primer tiempo, y pasó a achicar agua en la recta final del choque ante su incapacidad de tener el balón en su poder frente a la superioridad malaguista.
Del primer tiempo debo resaltar también el buen hacer de Dani Lorenzo, que intentó capitalizar el juego del equipo desde el primer minuto, aunque las ocasiones de gol no llegaban, salvo el ya comentado penalti errado por Chupe o un disparo de Lobete que se saldó con un paradón de Zidane.
No puedo dejar pasar la intervención salvadora de Alfonso Herrero en la segunda parte para evitar el gol rojiblanco en el único tiro entre los tres palos de los pupilos de Pacheta, obra de Trigueros. Hablando del entrenador del Granada, llama la atención que expresara su sorpresa por la numerosa presencia de aficionados malaguistas en las gradas de Los Cármenes. Tengan por seguro que, si la demanda de entradas se hubiera podido satisfacer en su totalidad, el feudo rojiblanco se habría teñido por completo de blanquiazul.
Me llama la atención la naturalidad con la que Funes aclaró por qué no jugó Joaquín. Nada tan simple como que lo aconsejable era preservar su estado físico y no arriesgar ante las molestias que arrastra el extremo. En este sentido, el técnico granadino de Loja metió en la dinámica a Lobete, al que concedió la titularidad, y dio minutos a Dorrio y a Gabilondo, dos jugadores condenados al ostracismo y a los que suma a la causa. Gestión de grupo y posible opción para el lateral derecho de Gabilondo ante la baja por sanción de Puga para el próximo fin de semana contra el Valladolid.
Acabo mirando la clasificación y lo hago con la ilusión de cualquier malaguista al comprobar cómo el equipo está metido de lleno en la lucha por el ascenso. Con 14 partidos por delante, todo está por decidir, pero, por ahora, los malaguistas no se ven afectados por el mal de altura. Ojalá sea así hasta el final.
José Manuel Velasco
Redactor Onda Cero Málaga
