
El Málaga, embaucado por una trampa tan vieja como el hilo negro…
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Se dice que algo es más viejo que el hilo negro cuando no es para nada novedoso. Y así de antigua fue la trampa en la que se enredó el Málaga el pasado sábado en La Rosaleda ante el Valladolid. Una trampa tejida por Iván Alejo, cuyas letras del apellido también podrían formar la palabra jaleo, tan malagueña y que tan bien explica lo que ocurrió desde la expulsión de Víctor García en adelante, es decir, del 3-1 al 3-3. El Málaga, equipo joven, cayó desquiciado en las tonterías de un Iván Alejo que fue capaz de sacar lo peor de todos.
El choque ante los de Pucela debe servir de aprendizaje para todos. Al fin y al cabo, este partido sólo han sido dos puntos que han volado en casa, pero en unos meses los errores cometidos ante el Valladolid bien pueden tener un precio mucho más caro. No quiero repartir carnés de buen comportamiento ni de malaguismo, pero tengo que admitir que ante el Valladolid creo que ni La Rosaleda ni el equipo estuvieron a la altura.
Dos puntos menos para el Málaga
Fallos en el verde, donde el equipo estuvo de los nervios con Iván Alejo y su trash talking hasta el punto de que Víctor García, al que le honra pedir perdón, perdió los papeles y dejó al equipo con 10 en un error tremendo. El entrenador también se dejó llevar y hasta vio una amarilla por protestar una jugada con el jugador vallisoletano. Iván Alejo, al que suelen llamar ‘tonto’ en los campos, fue el más listo. Se los metió a todos en su bolsillo y, entre bronca y broma, hizo que La Rosaleda estuviese más pendiente de pitarle que de arropar a su equipo. Un error que está a la altura de los fallos en las marcas de los dos goles, que por cierto vinieron precedidos de faltas algo irregulares, aunque no decisivas en el marcador.
Para subir a Primera, barco en el que todos estamos montados gracias a Juanfran Funes, hay que ser mucho más listos. El Málaga se dejó embaucar por una trampa tan antigua como efectiva. Se gana o se aprende, me gusta decir. Esta vez tocó aprender para que, en el próximo partido que el Málaga tenga una renta de dos goles en casa, no se nos escape la energía en otros menesteres. No voy a gastar más de un párrafo para terminar diciendo que sólo espero que el Málaga localice a los que lanzaron las botellas y los dejen una década sin entrar a ningún recinto deportivo.
