
El Pizarrón: El Málaga despertó al ritmo de Aaron Ochoa
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Pablo Martín // Lucía Márquez
La victoria del Málaga ante la Cultural era fundamental para no comenzar una mala racha de resultados, pero aún con los tres puntos, hay muchas cosas que analizar en ‘El Pizarrón‘. El Málaga CF consiguió la victoria en los minutos finales a pesar de firmar una gran segunda parte, que pudo dar resultados antes. Eso sí, los primeros 45 minutos fueron dignos de un equipo que era consciente de la presión que tenía encima y lo hizo notar. Un partido que dejó muchos nombres propios: Larrubia, Ochoa o Murillo. Pero, sobre todo, un encuentro que demostró que el conjunto malaguista ya saca victorias de las que valen más que una permanencia a final de temporada.
La presión superó a la diversión
De nuevo el Málaga arrancó con quince minutos que fueron bastante buenos, al igual que en Anduva. El equipo se encontró cómodo, con Dani Lorenzo llevando el balón a tres cuartos con facilidad, también gracias a que la Cultural inició regular con malos saltos de presión que permitieron al Málaga encontrar espacios a las espaldas. Aún así, el partido se igualó a los 20 minutos cuando los visitantes sumaron varias posesiones y el conjunto de Funes no presionó. A pesar de que no se llegó a sufrir, tampoco se estuvo cómodo y se pudo aprovechar alguna jugada al contraataque, como la que define mal Dotor tras robo de Joaquín.
Además, cuando el Málaga sumaba posesiones largas se encontró de nuevo con un atasco en el centro del campo. Al igual que el Mirandés, la Cultural igualó con tres jugadores en el centro del campo para dificultar la circulación. Ahí Funes experimentó con la posición de Izan. El ’23’ se descolgaba casi a posición de media punta dejando a Dani Lorenzo y Dotor para iniciar la jugada y así tener más opciones de pase en la zona inicial de la jugada.

Aún así, el juego no fluyó y el Málaga siguió sin encontrar ninguna situación de peligro. Y fue a peor cuando la Cultural se puso por delante con un gol en el que toca señalar a Dotor, por no encimar a Calero, y a Alfonso Herrero, quien pudo hacer más. Los de Funes acabaron la primera parte con muchos errores y una precipitación atípica en ellos.
Aaron Ochoa hizo volver a latir al Málaga en la segunda parte
Tras una primera parte gris, el cambio del Málaga en la segunda tuvo nombres y apellidos: Aaron Ochoa. El irlandés le dio un lavado de cara al equipo con dinamismo y atrevimiento. Por fin lo vimos por dentro, su posición natural, donde fue indetectable jugando por detrás de los centrocampistas rivales, pero por delante de la defensa, para generar la duda de quien debía saltar a marcarlo. Ochoa fue movimiento y fue pausa. Se ofreció entre líneas, cayó a banda para atraer rivales y desordenar estructuras, y entendió cuándo acelerar y cuándo sostener. Cada aparición suya generó una ventaja invisible, de esas que no se miden en estadísticas.
Los números respaldan su impacto: completó 26 de 31 pases (84%), con 23 de 28 en campo contrario (82%) y un impecable 3 de 3 en su propio campo, mostrando seguridad y decisión en cada zona. 40 intervenciones, dos pases clave, dos disparos, cuatro carreras progresivas y cinco recuperaciones. Su mapa de calor dibuja a un futbolista inconformista, siempre cerca del balón, siempre disponible. Bajó a recibir cuando el equipo lo necesitó. Incluso rodeado, fue capaz de descargar de espaldas con criterio, giró el juego y permitió al Málaga salir de cara, avanzar e instalarse en campo rival. Un partido completísimo del canterano que celebró con su renovación.

El Málaga no desesperó tras el empate y dio resultado
El empate llega con una gran jugada colectiva donde Ochoa hunde a la Cultural, Chupe y Joaquín firman una gran pared y, a pesar de que sea Chupe quien centra, el Málaga carga área con Dotor y Larrubia. Puede ser la única jugada en la que el equipo dio cinco pases hacia delante seguidos y se convirtió en el empate. Tras ello los de Funes supieron calmar el partido y no transformarlo en un ida y vuelta. Quizás se puso calma de más, como se vio en la jugada del gol anulado, ‘made in Funes’ donde Dotor comete el error de aproximarse demasiado a una zona ya poblada de compañeros.
La guinda al partido la puso un Larrubia inabordable para la Cultural: doblete, cinco tiros, 69 intervenciones, tres regates, tres pases clave. ocho carreras progresivas, 50% en los duelos y ocho recuperaciones. No hubo parte del campo donde no estuviera el ’10’ malaguista. Un jugador que se ha convertido en la segunda espada del equipo en cuestión de cifras, algo importantísimo para aspirar a cotas mayores, y que en estos últimos cuatro partidos ha anotado cuatro tantos, igualando su temporada profesional con más cuota goleadora.
