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«El tándem diabólico García-Rubia y Casimiro hunden al Unicaja»

La opinión de Antonio Merchán tras la debacle del Unicaja en Mónaco

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Merchán Radio Marca
AJ Merchán durante un programa de Radio Marca

Me duele tanto el baloncesto malagueño porque, como muchos otros aficionados de este deporte en la capital de la Costa del Sol, durante muchos años compartí mi corazón e inquietudes con el histórico Mayoral Maristas y el hermano rico e irregular Caja de Ronda.

Tuve la fortuna, con el ilustre Xavi Andreu y uno de los mejores representantes que tuvo este deporte en los años 90, Miguel Ángel Paniagua, en Tiempo de Juego de la Cadena COPE, de narrar grandes partidos de uno y otro club hasta que ambos se fusionaron. E inventarme frases como “taquicardia baloncestística” o el “tri, tri, triple”; y en los tiros libres, el “den, den, dentrooo, dos puntos, canasta”.

Retransmití la primera victoria del Caja de Ronda frente al FC Barcelona, (88-97) con un Joe Arlauckas espectacular, 45 puntos, récord aún no superado por ningún jugador del club en un partido fuera de casa. No se me olvidará nunca la alegría de Alfonso Queipo de Llano, extensible poco después al gran triunfo en la cancha del Real Madrid de los de Mario Pesquera, que también narré con inusitada satisfacción en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Años después, por desgracia, pasto de las llamas. Qué grandes los Fede Ramiro, Ricky Brown, Rafa Vecina, Joe Arlauckas, Blanco, etc.

Tampoco olvidaré el ascenso de Mayoral Maristas y el primer derbi malagueño que me pareció el mejor encuentro de la Liga ACB en muchas temporadas. Los Smith, Nacho Rodríguez, Jesús Peña, etc, marcaron una época con un Imbroda excelso. El espíritu de entonces del entrenador, de Pedro Ramírez, Jacinto Castillo y unos más, contrastaba muchas veces con el estilo algo menos juvenil de los Martín Urbano, Pinedo, Mario Pesquera o el indomable Paco Moreno, este último un auténtico crack en la gestión. 

A los unos les alumbraban los Hermanos Maristas, sus valores, espíritu de superación y todas sus secciones deportivas y educación religiosa. A los otros, los valores del esfuerzo y la apuesta por Ronda, Málaga junto la obra social y empresarial de Don Juan de la Rosa. Su fuerza, su visión de futuro y la seguridad en lo que estaba llevando a cabo De la Rosa fueron siempre extraordinarias.

Semejante fusión en un único club para la ciudad malacitana no podía salir mal pese a los muchos escépticos que hubo en su momento. Yo nunca lo dudé y así lo expresé en muchas ocasiones. Y así fue, todo fue un éxito y, con el tiempo, el CB MÁLAGA – UNICAJA  se convirtió en un club de referencia en el baloncesto español, primero, y en Europa, posteriormente.

De Maljkovic a Scariolo, qué gran salto de calidad, de Aíto García a Joan Plaza, ambos con sus luces y sombras, a nuestros días y a Luis Casimiro, en plena decadencia de la entidad deportiva y la institución a todos los niveles. Presidentes como Raimundo Trespalacios, Ángel Fernández Noriega, Rafael Fernández, Francisco Molina, entre otros, hicieron grande a este club.

Todo ese trabajo, con aciertos las más de las veces y sus errores lógicos de gestión presidencial y deportiva, también criticados por mí cuando fue menester, ha resultado estéril desde el mismo día en el que llegó a la presidencia de Unicaja Baloncesto Eduardo García. Y en las últimas temporadas, junto a Manolo Rubia, director deportivo, han formado un tándem diabólico que, junto a un hombre de club como Luis Casimiro, han terminado de hundir, no ya otra temporada más, sino a la entidad deportiva en sí misma. 

Las casi diez temporadas de Eduardo García en el Unicaja han representado, con diferencia, la peor época del baloncesto malagueño en su historia moderna. No se trata ya de acertar o no en los fichajes, o de maltratar a iconos del club y la Selección Española, como Carlos Cabezas, o de mantener directores deportivos erráticos, o de fracasar rotundamente en los despachos y ser incapaz de mantener la plaza de la Euroleague. Ni siquiera de la pérdida de peso específico del club en las instituciones deportivas más importantes: Liga ACB, Euroleague o la propia Federación Española de Baloncesto. Pasan incluso a un segundo plano los continuos fracasos clasificatorios para la fase final de la Copa del Rey o todo lo que está aconteciendo esta temporada.

“Crónica de una muerte anunciada”, Jesús Burgos dixit, contertulio de Radio Marca Málaga, tanto la caída del entrenador así como la necesaria y perentoria de Manolo Rubia, director deportivo. Lo grave de la gestión de Eduardo García es que dejó hecho jirones la esencia de la institución, desilusionó a una afición que, pandemia al margen, ya había dimitido de las gradas del Martín Carpena. Abandonó por el camino de su mala gobernanza el espíritu de la fusión Caja de Ronda – Maristas y traicionó el lema más importante que representa al CB Málaga-Unicaja: “SOMOS UN EQUIPO”.

Eduardo García ha trabajado mucho por el club, pero la diosa fortuna no le ha sonreído. Su soberbia en ocasiones, pocas, la verdad, y su poca destreza para manejarse entre bambalinas en los momentos más importantes, le han colocado en el disparadero. Una sola Eurocup es todo su botín para las vitrinas de la entidad en casi una década en la que, de paso, se perdieron equipos de la cantera de Los Guindos, el orgullo de los más jóvenes en ser de Unicaja y a una ciudad volcada a la par que orgullosa con su equipo.

Todos hemos perdido mucho durante este tiempo, pero de forma definitiva el tiempo de Eduardo García terminó en Unicaja, o así debiera ser. Si quienes tienen que dictaminar desde el Consejo de Administración del banco qué está ocurriendo con su inversión e imagen publicitaria más significativa, al tiempo que explicárselo a los accionistas cuando, por este gasto, pierdan dividendos en el reparto de beneficios de sus acciones, es muy probable que ya estén pensando igual que yo.

A aquellos jóvenes que en su día soñamos con un club ejemplar y del que sentirnos orgullosos, a los que se unieron a esa ilusión con el paso de los años y a los que han mantenido el sueño vivo en sus corazones nos hacen falta ánimos renovados y recuperar nuestro orgullo en Unicaja. Por el espíritu de la fusión que dio lugar al actual club, señor García, debe usted dimitir antes de que sea cesado en su cargo y liberado de sus obligaciones.

¡Memoria, Compromiso y Fe!, sobre todo esto último.

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