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Salvador Valverde nos recuerda aquella temporada mítica
VIAJE AL PASADO... EL ASCENSO DE LA 98-99


La Rosaleda, invadida por malaguistas
02-Enero-2020


Salvador Valverde || Hace 21 años, más exactamente el domingo 30 de mayo de 1999, momentos antes del inicio de un encuentro que resultó ser de gran importancia para la historia del deporte malagueño, las aproximadamente cuarenta mil almas que llenaron las gradas de La Rosaleda deseaban que se anticipara en un año la afirmación de Francisco Puche: “Y en dos años, ¡A Primera!”. Estas palabras del presidente del Malaga C.F. por aquel entonces, las exclamó eufórico cuando el Club ascendió a Segunda División en un día que pasó a la historia como el del “Milagro de Beasáin”. Once meses después, el equipo más representativo de la ciudad, ante su afición y para toda España a través de las cámaras televisivas de Canal + (no existía la muy completa oferta televisiva que hay hoy día en el fútbol), subiría a la élite del fútbol español por primera vez bajo la denominación de “Club de Fútbol” si vencía al Albacete Balompié en la jornada 39, a falta de tres para acabar el campeonato.

 

Grandes expectativas de cara a la temporada 1998-99

 

Para el inicio de tan deseado logro habría que retroceder en el tiempo hacia finales de junio del año anterior, cuando el Club tomó una decisión atrevida pero que resultó ser un gran acierto: la contratación de Joaquín Peiró como entrenador, todo un veterano y sabio del fútbol. Muy comentada fue la firme decisión de Fernando Puche por traer al técnico de Honrubia (Cuenca); muchos aficionados opinaron que el Club debía seguir confiando, porque se lo había ganado, en Ismael Díaz, joven técnico que llegó al Málaga C.F. a mediación de la temporada pasada (sustituyendo a Tolo Plaza) e hizo subirlo a la categoría de plata. De cara a la ilusionante nueva temporada, el Club realizó una inversión importante que pudo tener una consecuencia económica preocupante si no se lograba el objetivo del ascenso. Además de los buenos jugadores que se quedaron de la temporada anterior, muchas caras nuevas se vieron en el estadio de Martiricos renovando todas las líneas de la plantilla.

 

Aunque no todos los fichajes rindieron lo esperado (Milijas, Lekovic, Rodrigao, Popovic, Afriyie), llegaron profesionales con calidad suficiente para alcanzar la categoría de oro del Campeonato Nacional de Liga, como fueron el portugués Agostinho (llegado de la U.D. Las Palmas convencido por Fernando Puche cuando lo visitó en la residencia del jugador), el italo-argentino Zárate (procedente del Cádiz C.F.), Valcárcel (salido del filial del Real Madrid C.F.), Catanha (goleador del C.D. Leganés la anterior campaña cedido de la U.D. Salamanca) y del equipo extremeño del Mérida A.D. llegaron Ruano y el excepcional medio centro uruguayo Gonzalo de los Santos, cuyo fichaje costó alrededor de seiscientos millones de pesetas de la época. El gran desembolso económico no correspondió con las expectativas del número de abonados, poco más de 12.000 y gracias a que la venta se animó hasta llegar a esa cifra después de la buena impresión que dio el equipo al vencer al Real Valladolid C.F. por 1-0 (golazo de volea de Catanha) en el partido de presentación.

 

Magnífica temporada

 

El inicio de la temporada fue muy esperanzador. El primer encuentro, en un caluroso 30 de agosto, el Málaga C.F. consiguió derrotar 2-1, con remontada incluida, a un correoso S.D. Eibar (goles de Brahim y Zárate). La alegría de esta primera victoria duró hasta a la novena jornada, momento en el que llegó el equipo en segunda posición e invicto con un balance de cinco victorias y tres empates. En el empate 0-0 en casa de la quinta jornada contra la U.D. Las Palmas, se le impuso el escudo de oro y brillantes al actor Antonio Banderas. A partir del 24 de octubre, con un contundente 0-3 en La Rosaleda frente al filial del Atlético de Madrid, empezó una crisis de resultados con cuatro derrotas consecutivas (Atlético B, C.D. Badajoz, Rayo Vallecano y C.A. Osasuna). Las derrotas referidas junto a la del campeonato de Copa con el Real Valladolid, hicieron a Joaquín Peiró ser cuestionado en algunos sectores para que siguiera al frente del equipo costasoleño. La respuesta del conjunto fue una balsámica y trabajada victoria 3-2 al C.D. Logroñés en la decimotercera jornada.

 

 

La siguiente victoria en el Rico Pérez frente al Hércules de Alicante C.F. hizo a la afición volver a pensar que el ascenso era posible. Este sueño por llegar a Primera División se fue convirtiendo cada vez más en una realidad cuando el equipo encadenó una impresionante racha de 17 jornadas sin conocer la derrota con 10 victorias y siete empates. En el mercado invernal llegaron dos jugadores que también fueron muy determinantes: Rufete, que no tuvo oportunidades de demostrar su calidad y desborde en el R.C.D. Mallorca, fue uno de los jugadores más importantes de la segunda vuelta en toda la categoría revolucionando la banda derecha malaguista; y Edgar, cedido por el Real Madrid C.F., se convirtió en el complemento perfecto de la delantera blanquiazul junto al goleador Catanha. Especial importancia tuvo el derbi andaluz en el último encuentro de la primera vuelta. El Málaga C.F. cosechó una gran victoria 2-3 (dos goles de Catanha y uno de Edgar) frente al Sevilla C.F. en el Ramón Sánchez Pizjuán al que asistieron y disfrutaron seis mil seguidores “boquerones”. Además de la alegría por vencer a un equipo de gran rivalidad territorial, el Málaga se situó en segunda posición, plaza de ascenso directo. Otra contienda importante, dentro del prolongado tiempo referido sin conocer la derrota, se produjo en la jornada veintisiete cuando el cuadro malaguista remontó un 1-3 logrando finalmente la victoria 4-3 frente a la A.P. Mérida.

 

El Málaga C.F. demostró ser un equipo que, además de lo equilibrado que era en todas sus líneas y de la calidad de las botas de sus jugadores, tenía tesón, corazón y fe; no daba un encuentro por perdido, por muy difícil que se le pusieran las cosas. La candidatura para lograr el ascenso era clara, y más cuando en la vigésima octava jornada consiguió el liderato derrotando al filial del R.C.D. Mallorca por 0-1 con un gol de Sandro. Después de dos jornadas consecutivas con derrotas contra el Atlético de Madrid B y el C.D. Badajoz, en la trigésima segunda venció al líder, el Rayo Vallecano, por 0-2 con un “pichichi” Catanha en plan estelar. Las siguientes jornadas, hasta la 39, el equipo mantuvo gran regularidad con cuatro victorias al C.A. Osasuna, Hércules de Alicante C.F., F.C. Barcelona B y U.E. Lleida; y dos empates con C.D. Logroñés y C.D. Numancia.

 

El día esperado

 

El 29 de mayo de 1999 la afición malaguista celebró el empate a dos tantos del Sevilla C.F. con la U.E. Lleida. Este resultado hacía que, si al día siguiente, el domingo 30 de mayo, el Málaga C.F. vencía al Albacete Balompié, se distanciaría del equipo de Nervión a 10 puntos, imposibilitando matemáticamente de que fuera alcanzado por ellos. El deseado ascenso pasaba por La Rosaleda a tres jornadas del final del campeonato. La mañana estaba hermosa en la ciudad y el ambiente en los alrededores del estadio, mucho antes de las 12:00, hora del comienzo del encuentro, era espectacular. En las mundialistas gradas de La Rosaleda antes de la última remodelación se llenaron de colores blanquiazules con las numerosas banderas, bufandas, pancartas y papelitos al vuelo. La ilusión de toda la ciudad parecía presagiar que nada iba “aguar” la fiesta esperada. Pero el Albacete Balompié, que no tenía la permanencia asegurada, no vino a Málaga de invitado a la fiesta blanquiazul. Su intenciones claras de ir a por el encuentro fueron corroboradas a los únicamente 15 segundos de partido, cuando Luque (años después vistió de blanquiazul y se le recuerda por un golazo que endosó al C.D. Numancia) aprovechó astutamente un error del malagueño Bravo para batir al guardameta Rafa de disparo raso.

 

La afición no se vino abajo, sino que aupó al equipo convirtiéndose, nunca mejor dicho, en el jugador número 12 de los malaguistas. 11 minutos tuvieron que pasar para que Bravo, resarciéndose de la desafortunada acción del gol en contra, golpeó extraordinariamente el balón en un libre directo introduciéndolo en el fondo de la red. La alegría de la afición por la igualada pasó a la euforia siete minutos después, cuando Edgar, con rapidez, aprovechó un excepcional pase de Sandro para colar el balón por la escuadra izquierda del portero Julio Iglesias. Nadie dudó de la victoria final cuando siguió el “torbellino” malacitano en la primera mitad, y más cuando entró en acción la conexión portuguesa de Edgar y Agostinho para endosar el tercer tanto en el minuto 38. Con 3-1 se llegó al descanso mientras la afición ya entonaba el “¡A Primera oe!”. Parecía el encuentro sentenciado, pero, como se ha demostrado en incontables ocasiones, hasta que el colegiado no señala la finalización del encuentro, todo puede ocurrir, y si no habría que recordar el histórico partido del Málaga C.F. en Dortmund…

 

La segunda mitad del encuentro fue diferente. A falta de más de media hora para acabar, el jugador del Albacete Balompié Gustavo Díaz, en posición de fuera de juego, batió a Rafa después de regatearlo. El apretado 3-2 en el marcador y los muchos minutos aún por jugarse, hicieron temer a los aficionados malaguistas que la celebración del ascenso se aplazara para otra jornada. Aunque el conjunto de martiricos tenía dominado el encuentro, se temía que llegara en algún momento un gol del conjunto manchego. Lo que sí llegó fue una explosión de júbilo en toda la ciudad cuando el colegiado navarro Undiano Mallenco pitó el final del encuentro. Nueve años después, con otra denominación pero con el mismo sentimiento blanquiazul, el máximo representante del fútbol malagueño volvía al lugar que le pertenecía. Tal como corearon los miles de aficionados que invadieron las calles en su celebración: “¡Málaga es de Primera!”.

 

Un empate y una victoria a domicilio (Compostela y Toledo respectivamente) en las tres jornadas restantes para acabar la temporada (la última jornada perdió en casa 0-1 con el Sevilla), le valieron para ser campeón de la Segunda División con 79 puntos, cinco más que el Atlético de Madrid B, segundo clasificado. Fue el equipo que más victorias consiguió en la categoría con 22 y el que menos derrotas cosechó con siete. Aunque por un gol no logró ser el equipo máximo goleador (lo fue el Atlético de Mádrid B), Catanha consiguió ser el “pichichi” de la categoría con 26 tantos. Este anhelado e histórico ascenso fue el inicio de otra etapa histórica del Málaga en la máxima categoría del fútbol español, pero esa es otra historia…



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