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Fernando Sanz: «Está siendo inhumano»

El ex presidente del Málaga habla un mes después del fallecimiento de su padre por el coronavirus

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Lorenzo Sanz, a hombros de su hijo Fernando cuando el Real Madrid ganó la Copa de Europa

No son números. Son personas. Y tienen familia, amigos, conocidos. En España, son más de 20.000 los fallecidos por el coronavirus. Uno de ellos, Lorenzo Sanz, ex presidente del Real Madrid y padre de Fernando, ex presidente, ex jugador y ex propietario del Málaga CF.

«Desgraciadamente hemos sufrido en primera persona los daños del coronavirus. Hace un mes mi padre falleció. Podíamos entrar en detalles de si el protocolo de entonces estaba bien o mal y si se actuó bien o mal. Como fue de las primeras personas reconocidas que fallecieron por coronavirus tuvo un impacto muy grande, concienció a la gente que vio que el virus mataba y no era una pequeña gripe como dijeron al principio. Recibí muestras de cariño por miles y un reconocimiento a la figura. Mi padre sabía el cariño que la gente le procesaba pero no el reconocimiento absoluto que le ha dado el fútbol nacional y mundial«, ha expresado Fernando Sanz en una entrevista a Efe.

«AÚN NO he PODIDO VER A MI MADRE NI A MIS HERMANOS»

El dolor se acrecienta aún más cuando no ha podido compartir esos durísimos momentos con su familia. «Ha pasado más de un mes y a día de hoy todavía no he podido ver a mi madre ni a mis hermanos. En su día mi madre dejó a mi padre en el hospital para que le hicieran unas placas y no le ha vuelto a ver. La incineración fue solo, recibimos sus cenizas a la semana a modo de paquetería. Me pongo en la piel de todas las familias que han perdido familiares de la misma forma. En una cultura como la nuestra, en la que la familia es muy importante, estar con nuestros seres queridos en su último momento es fundamental. No quiero ni pensar lo que mi padre estuvo pensando en sus últimos momentos. Es muy duro. Como nosotros, por desgracia, más de 20.000 familias viven algo muy triste».

Y aunque Fernando entiende «que había que intentar que no se propagase lo máximo el virus», considera que «hay situaciones difíciles de entender como que una persona esté sola en el último momento. La palabra dolorosa se queda corta. Está siendo inhumano. Ya no pongo las noticias porque cada vez que escucho el número de muertes me viene todo lo que estamos pasando y la gente que está trabajando en primera línea. Los sanitarios ven dramas a diario y muchas veces no pueden hacer nada porque no tienen medios. Es una situación horrorosa».

UN PRESIDENTE QUE CAMBIÓ LA HISTORIA DEL MADRID Y DEL FÚTBOL MODERNO

Fernando Sanz, ahora en LaLiga, está muy agradecido por las muestras de cariño que ha recibido desde el fallecimiento de su padre. «Han sido muchos mensajes y llamadas, miles. No he podido ni contestar todo. Hasta cartas cariñosas como la del presidente de la FIFAInfantino, desde el cariño y el reconocimiento por lo que hizo mi padre para cambiar la historia del Real Madrid como ha reconocido el propio club, hasta presidentes de federaciones, clubes, futbolistas, compañeros del Real Madrid, Málaga y Unión Española de Chile. La repercusión fue mundial, me llamó gente de todo el mundo», ha explicado.

También ha querido recordar lo difícil que fue formar parte de la plantilla del Real Madrid, a pesar de ser campeón de Europa, con su padre como presidente. «Era un chico de veintipocos años que no entendía cómo podía jugar una final de la Intercontinental ganándola, salvando un gol bajo palos cuando acababa el partido, ser aclamado y al día siguiente insultado. Te descolocaba. Por eso en el 99 me marché al Málaga teniendo cuatro años más de contrato con el Real Madrid. Eso la gente no lo sabe. Era el peor pagado de la plantilla porque lógicamente nunca pedía mejores salarios porque sabía cuál era mi posición perdedora siendo el hijo del presidente».

De ahí que abandonase el club blanco camino a La Rosaleda. «Hice carrera en el Málaga ocho años jugando todo y siendo capitán. Mi padre no tenía que darme ningún consejo. Ahora me arrepiento de haber marcado distancias con mi padre y con el presidente, intentar no estar en el mismo plano para que no se nos vinculase y se pensase que tenía un trato de favor como persona. En casa era otra cosa pero nunca mezclábamos el trabajo con la familia».

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