NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS NO DURE NI CUERPO QUE LO RESISTA

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Después de la penosa y lamentable actitud de Manuel Díaz Vega con nuestro árbitro malagueño José Luis Paradas Romero -aunque retirado, cuando se es colegiado es para siempre-, al que obligó a abandonar el arbitraje profesional, Málaga ha recuperado un representante en la Liga de las Estrellas en la persona de Mario Melero.

 

El malagueño ha sido el mejor de todos los árbitros de la Segunda División la pasada temporada y se ha ganado a pulso el ascenso. La preocupación de que no subiese era lógica si nos atenemos a los precedentes y criterios injustos del Comité Técnico de Árbitros a la hora de priorizar los ascensos y descensos en función de las diferentes territoriales, enchufismo y amistades, o intereses diversos.

 

Sin embargo, la temporada de Mario no dejaba lugar a duda alguna: o se le ascendía de categoría o el `mangazo` era del estilo de los tiempos de Lamo Castillo. Afortunadamente, no ha pesado en su contra ninguna animadversión del estamento arbitral hacia Málaga después del `caso Paradas Romero` y el fútbol español ha sido justo con el buen trabajo de Mario Melero y de la Delegación del Colegio de Árbitros de Málaga.

 

Como se suele decir en estos casos: "No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista".