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Mirar despacio: días de fotografía que dejaron huella en el CPA Mayores de Pizarra

No hubo prisas, ni grandes tecnicismos, ni expectativas imposibles. Solo tres días, teléfonos móviles y un grupo de personas mayores con ganas de probar algo distinto. Así se desarrolló el taller de fotografía de la Escuela Nómada y la Fundación Unicaja celebrado recientemente en el Centro de Participación Activa de Pizarra, una propuesta que terminó convirtiéndose en una experiencia profundamente significativa para sus participantes.

La primera jornada arrancó con una idea sencilla: aprender a observar. El responsable del taller y director de la Escuela, Mariano Pozo, planteó la fotografía como una forma de detenerse ante lo cotidiano. Los asistentes comenzaron a identificar cómo influye la luz en una escena o por qué un mismo objeto o espacio puede cambiar completamente según el ángulo desde el que se mire. Fue un acercamiento pausado, casi introspectivo, en el que cada participante fue encontrando su propio ritmo fotográfico.

En la segunda jornada, la teoría dio paso a la acción. No se trataba de conseguir imágenes perfectas, sino de salir a buscarlas. Todo el grupo de alumnos al completo recorrieron las calles de Pizarra, móvil en mano, prestando atención a detalles que normalmente pasan desapercibidos: una sombra alargada, una textura en una pared o el gesto de un vecino. La práctica se convirtió en una excusa para moverse, conversar y compartir impresiones sobre lo que cada uno decidía capturar y sobre todo, tiempo para la desconexión.

Pero fue en la última jornada cuando el taller adquirió una dimensión distinta. Las fotografías seleccionadas se dispusieron en una exposición dentro del propio CPA  Mayores de Pizarra, transformando un espacio habitual, en este caso uno de sus salones, en una galería improvisada. Las imágenes no solo mostraban escenas, sino también miradas personales, historias silenciosas y decisiones únicas de quienes estaban detrás de la cámara, en este caso, del móvil.

Para los participantes, verse reflejados en esa exposición tuvo un significado especial. No era únicamente el resultado de un aprendizaje reciente, sino una forma de validar su capacidad creativa. Ninguno de ellos había tenido antes la oportunidad de mostrar algo propio en un formato expositivo. Ese gesto, aparentemente sencillo, refuerza la confianza y genera emociones compartidas.

La fotografía, en este contexto, demostró ser algo más que una actividad puntual. Supuso un canal para activar la curiosidad, romper rutinas y propiciar nuevas conversaciones. A través de cada imagen, los participantes no solo capturaron fragmentos de su entorno, sino que también encontraron una manera distinta de relacionarse con él.

En un momento en el que el envejecimiento activo cobra cada vez mayor relevancia, propuestas como ésta de la Escuela Nómada y Fundación Unicaja evidencian que el acceso a la cultura y la creatividad no entiende de edades. A veces basta con ofrecer el espacio adecuado para que surjan nuevas inquietudes. Y en este caso, bastaron tres días para que un grupo de mayores de Pizarra descubriera que aún quedan muchas formas de mirar.

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