
«Pasado, presente y futuro»
Vemos que se suceden de forma vertiginosa los acontecimientos tras el ascenso y del que aún nos relamemos. La situación del estadio de La Rosaleda y la planificación de la plantilla para la próxima temporada tienen al malaguismo ocupado y preocupado. Sin lugar a duda, se unen en estas circunstancias Pasado, Presente y Futuro de la entidad de Martiricos.
En cuanto al estadio debo confrontar el romanticismo con la realidad. Creo que tendría cuatro o cinco años cuando fui por primera vez a La Rosaleda de la mano de mi padre, presidente de la Peña Trinitaria al comienzo de los años 70. Ocupábamos el sector de la Tribuna Alta Delantera que la Peña tenía reservada y desde entonces, he vivido las distintas reformas que el estadio ha experimentado. La ampliación de las gradas de Tribuna y Preferencia, primero; después, la remodelación para el Mundial 82 que supuso la desaparición de mi añorado CD Málaga; más tarde llegó la remodelación de la actual Rosaleda que resultó interminable, costosísima y perjudicial en lo económico para el club por la merma en los ingresos al estar el estadio siempre con una grada en proceso de reforma. Considero que remodelar de nuevo el estadio no superaría las limitaciones que la zona genera, por ello, es necesario el traslado de La Rosaleda al enclave de la Universidad. Mayor aforo, posibilidad de generar ingresos por la celebración de conciertos o eventos, mejor conectividad y accesibilidad con el transporte público, etc… son motivos suficientes para aseverar que, frente al romanticismo impera la necesidad de contar con un estadio que satisfaga las necesidades de la ciudad y del club. No olvidemos que miles de malaguistas no pueden contar con un abono por la insuficiencia del aforo del estadio y aguardan a que les llegue el turno en la lista de espera. Las 44.000 localidades a las que llegaría la actual Rosaleda en su ampliación, son del todo insuficientes.
En cuanto a la confección de la plantilla, me ceñiré al dicho de ‘dejar salir antes de entrar’. Loren Juarros está aliviando la relación de jugadores que él mismo incorporó y que forman parte de su larga lista de ‘fiascos’. Gabilondo, Víctor García, Dorrio, Brasanac y Montero cuentan ya con el billete de salida y, a mi modo de ver, existe práctica unanimidad en lo acertado de sus salidas. Quizá, Montero genere cierto debate por los tres últimos partidos jugados por la lesión de Einar, pero, siendo sincero, a lo largo de la temporada el sevillano dejó más sombras que luces. Seguro que, tras la redacción de este Con Rigor, llegarán más bajas con nombres que todos tenemos en mente como Lobete, Jauregui, Dani Sánchez y algún canterano al que ceder para que haga la ‘mili’ en un equipo de inferior categoría.
En cuanto a otros casos, Einar parece que seguirá, aunque espero que asumiendo el rol de cuarto central; no sé qué pasará con Juanpe; si Dotor, propiedad del Celta, podrá seguir otro año más a las órdenes de Funes; y, finalmente, si los ‘bichos’, ya saben, Izan, Dani Lorenzo, Larrubia, Chupe, seguirán vistiendo la camiseta del Málaga porque, aunque hayan mostrado su malaguismo y su deseo de seguir aquí, temo la llegada de ofertas mareantes que les lleven a hacer las maletas. Espero que no.
En cuanto a los fichajes, por más que se diga que habrá de cuatro a seis, me da la impresión de que la plantilla necesita algo más. En mi lista de deseos figura un portero que compita la titularidad; dos centrales de garantías (Huijsen, haz caso a los bichos y vente); un lateral izquierdo; dos extremos que sirvan de complemento a Joaquín y Larrubia; un mediocentro; y hasta un delantero. Cada cual tiene un secretario técnico dentro.
Quiero terminar refiriéndome a dos jugadores: Murillo y Luismi. Del primero, espero que la recuperación de la lesión discurra por su camino y ojalá lo veamos disfrutar de la Primera división, y del segundo, transmitirle mis mejores deseos en unos momentos complicados. Y un último mensaje para el administrador judicial porque sigo sin entender su afán de protagonismo cuando su función debería mantenerle en la sombra, y reprocho a los señores de Bluebay su aparición pública tan tardía y con un discurso que no convence a nadie.
