Y NO SENTÍ NADA…

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Durante el partido del Atlético de Madrid viví algunas sensaciones que yo creía que serían imposible cubriendo un partido del Málaga. En ese momento no sabía si era algo que me estaba pasando a mí o era recíproco en más malaguistas que estaban en el estadio. Por primera vez en mucho tiempo, diría que casi desde siempre, sentí que estaba trabajando en La Rosaleda. Me explico. Mi trabajo es el que es, pero es tal la pasión que siento por él que no siempre tengo esa sensación de estar en el curro y sí la de estar con un grupo de amigos charlando sobre lo que más me gusta en el mundo. En La Rosaleda no sentí eso y mirando hacia el latido de la grada y del post partido creo que fue algo que notó más gente cada uno a su manera.

 

Nos han matado el gusanillo. Nos han quitado el único momento de pasión absoluta de la semana. Otra derrota, otro partido sin chispa, otro día sin hacer gol. Ver a este Málaga se ha convertido en un castigo. Uno injusto para los aficionados blanquiazules que además respondieron con la mejor entrada del año. Empieza a no haber pena, tensión, sufrimiento… Es una muerte programa y casi todos tenemos ya hecho el cuerpo. ¿Y ahora qué? Pues yo lo tengo muy claro. Ahora limpieza de arriba a abajo. Salvo algunos nombres, no quiero a estos jugadores en Segunda, ni a este entrenador, ni al director deportivo. Hay que limpiar el club en todos sus estamentos. Si tenemos que bajar de categoría aprovechemos el paso para arreglar todo lo que se lleva haciendo mal temporada tras temporada.

 

Yo ya estoy pensando en el regreso. Ha sido mi manera de volver a motivarme con un equipo que en ningún momento de la temporada ha conectado con la afición. Pensar en como será el ascenso es un ejercicio que recomiendo a todos. Cuando es imposible vivir en el pasado y el presente es una ruina, el futuro debe ser la vía de escape para todos esos valientes y verdaderos boquerones que no se bajen del carro.