Dani Romero: «El club se está dejando el alma para salir de la situación»

Dani Romero, mítico jugador del Unicaja durante los noventa, es el gran protagonista de una nueva entrega de 'Verde y morado'

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Dani Romero // UnicajaCB

Nueva entrega de ‘Marca Basket, 40 años en verde y morado’, patrocinada por la Fundación Unicaja. Hoy charlamos con Dani Romero, mítico jugador malagueño y actual delegado de campo, para rememorar cómo fue esa década de los noventa, la más importante de la historia del club «porque ayudó al club a dar pasos hacia adelante».

La gente le sigue parando por la calle. «Afortunadamente sí. Tengo que decir que me suelen para más personas mayores que jóvenes, a muchos chicos les suena mi nombre gracias a sus padres. Es reconfortante que la gente te siga tratando con tanto cariño como nos trataban en aquella época».

Debut en la 91-92. «Ha llovido, prefiero no echar cuentas (risas)».

Aquellos años 90. «Creo que fue una época muy bonita, para la afición en general y para nosotros mismos. Todo lo que vivimos en ese periodo, esa comunión con la gente, el desarrollo en todos los colegios, la afición en los niños veías que crecía, se decantaban por el futbol y ahora se interesaban por el baloncesto. Ver todo ese movimiento y todo lo que se generó, ahora con perspectiva, me hace mucha ilusión; y sentirme en cierta medida orgulloso de participar en todo eso y sobre todo que empezaran tantos niños a jugar al baloncesto y a hacer deporte».

257 partidos a sus espaldas. «Se me riza la piel al pensar en tantos recuerdos. Una época en la que disfrutamos mucho, quizás en esos momentos no éramos conscientes de la repercusión, como en una burbuja, pero con perspectiva uno ese siente orgulloso de vivir todo eso, muy contento de haber sido partícipe, de todo los jugadores con los que aún tengo relación. Ha habido veces que nos hemos reunido, tras muchos años, y a los cinco minutos parecía que llevábamos toda la vida juntos, de contarnos cosas. Es un trabajo, pero cuando lo llevas al tema personal, lo disfrutas y haces lo que te gusta, te llena muchísimo más y se te quedan recuerdos y amigos, que al final es lo que importa».

Subcampeonato de la 94-95. «Tengo muchísimas imágenes y cada vez que lo pienso, se me vienen más; pero si hay una que no se me borra es en el cuarto partido: solíamos llegar hora y media antes al pabellón. Justo antes de entrar ya escuchábamos al pabellón lleno, dos horas antes de empezar. No necesitábamos ni siquiera calentar».

La afición, el sexto hombre. «El público nos llevaba en los momentos difíciles, incluso cuando se daban varias acciones en nuestra contra, el parqué se ponía a vibrar. No está pagado. El Unicaja siempre ha tenido ese plus en casa, y yo que conozco a muchos jugadores, ellos sentían esa presión ciando jugaban contra nosotros. Es evidente que era un factor más, incluso es un jugador más dentro del quinteto (risas)».

Anécdotas de jugadores rivales. «Sobre todo el primer año, el del subcampeonato, que al principio éramos un equipo simpático, que jugaba bien, en los puestos de arriba; y recuerdo en el primer partido de la final, en el Palau, el público nos aplaudió cuando salimos. Eso cambió en el segundo: cuando nos cogieron un poco de respeto, nos pitaron y ya para nosotros era lo normal. Alberto Herreros, en el Real Madrid por aquella época, hablo con él y lo reconoce. Jugábamos muy bien, alegres, tres buenos extranjeros (Bosch, Ansley y Miller), que hacían una estructura muy sólida y los demás acompañábamos y todos éramos capaces de aportar».

El no triple de Mike Ansley. «Recuerdo aquel tiempo muerto perfectamente. Estaba Javi (Imbroda) dando indicaciones y planificando la jugada. Miraba a Mike a la cara y sabía que se la iba a jugar. Creo que todos éramos conscientes que lo iba a hacer, incluso el Barcelona, y al final saca un buen tiro. Estaba haciendo un partido increíble y claro que se la tenía que jugar. Ese segundo y poco que dura el lanzamiento lo vivía en cámara lenta. Dio en el aro, se salió y no pudo ser. Fuimos al vestuario y Javier insistía en que teníamos un quinto partido para darlo todo, así lo hicimos. Al final competimos muy bien el último, le dimos la enhorabuena, pero con el tiempo nos sentimos orgullosos de aquello. Aunque no se ganó, fueron unos buenos cimientos para que creciera el baloncesto aquí. Fue la derrota más dulce de mi carrera».

Figura de Javier Imbroda. «Es una persona que por su manera de ser te llega, muy cercana, te explica las cosas muy claras, empaliza contigo, se preocupa por los jugadores. Tengo un trato, desde ese época, de mucho cariño con él. Siempre hemos tenido una magnífica relación y evidentemente que fue un entrenador que nos dio la oportunidad, al igual que José María Martín Urbano, otro al que guardo un gran cariño. He tenido la suerte de llevarme bien con todos y que nos sacáramos el uno al otro».

Subcampeonato de la Copa Korac, en la 99-00. «Se suele decir que para ganar cosas, antes hay que llegar a ellas. Fue un paso previo, el consolidarnos estar ahí, en cabeza. A la primera es difícil conseguirlo, pero crear los cimientos para luego llegar al éxito. Esa Korac fue muy malagueña; apareció un animal deportivo como Marcus Brown, que no nos lo permitió, y luego vino aquí. Se acordaba de esa final y lo mal que lo pasaron en Ciudad Jardín. Son recuerdos muy bonitos».

Si el orden de los partidos hubiese cambiado. «Nunca se sabe. En deporte las cosas se puede hablar de justicia, pero al final lo que vale es lo que pasa en la cancha. Fuimos allí con mucha ilusión. Cuando juegas una final tan igualada, los pequeños detalles son muy importantes, y quizás no supimos controlarlo. Luchar contra un equipo como Limoges, de grandes individualidades, era muy complicado. Lo que pasó, pasó».

El primer título era cuestión de tiempo. «Sí. Para conseguir cosas, hay un paso previo de consolidarse entre los primeros puestos, de pelear por los playoffs, competir al máximo nivel. Todo equipo que quiera conseguir algo, debe tener por detrás un respaldo social y el Unicaja empezaba a tenerlo. El pabellón estaba lleno de camisetas verdes y eso es un activo importantísimo para cualquier equipo. A partir de ahí, el club dio pasos adelante para traer jugadores de calidad. técnicos contrastados y crear una infraestructura de club grande».

El club de su vida. «Primero porque soy malagueño; y si no me dedico a esto, sería aficionado del Unicaja. Y después por todo lo que he vivido dentro».

Periodo actual complicado. «Cuando algo es tuyo y no sale lo bien que uno quiere, se sufre y te duele. Pero siempre he sido positivo. Cuando tuve un descenso en Granada, no te queda otra que serlo. Y confío mucho en toda la gente porque se que todos aman al club y se dejan el alma. En los momentos malos, es cuando salen los grandes clubes. Hay mimbres suficientes, gente preparada y seguro que vamos a salir. No hay que negar que la situación ahora no es buena, pero tenemos que remar todos. Vamos a vivir momentos buenos, seguro».

La saga Romero continua. «Ahora que mi hija (Adriana) se divierta. Estoy feliz porque la veo disfrutando y es lo que me importa. Le ponen todos los recursos que necesita para que siga divirtiéndose. Me encanta verla. Me pongo nervioso cuando no la veo tranquila, es una parte del juego. Tiene que dar el máximo y a partir de ahí, que disfrute».

Alfonso Queipo de Llano. «No nos creemos todavía. Hace nada lo veíamos en el Carpena con esa vitalidad. Deja un legado increíble, una figura a la que hay que honrar, acordarnos de todo lo que nos demostró. Lo tuve cerca desde muy joven. Hemos perdido una figura, pero hemos ganado una leyenda».

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