LA COPA DEL BAÑADOR SE QUEDÓ SIN SORPRESAS

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Se acabó la Copa del Rey para el Unicaja y, con su eliminación,  la posibilidad de que el baloncesto volviese a renacer como deporte de sorpresas. La única que hubo fue la lluvia que cayó todos los días en Las Palmas. Pero como decía, que no haya sorpresas, para las televisiones es de escándalo: otro Madrid-Barça que alimentar a las audiencias. ¿Aburrir? Supongo que no, porque la calidad y la tensión de ambos servirán para protagonizar un maravilloso espectáculo.

 

Pero este deporte necesita algo más. Necesita que haya equipos que, de verdad, sean alternativas a los dos clubes de fútbol, como los había hace una década. Necesita que el Unicaja o el Valencia o el ausente Laboral Kutxa vuelvan a convertirse en alternativas reales. Los de Plaza han estado a punto de hacerlo. Son líderes en la ACB, discutiendo el bicefalismo de las últimas campañas, pero a la hora de la verdad, en los minutos finales, les ha faltado algo. Lo que da el dinero, vamos, una estrella, o dos, que te den la vida en esos momentos en los que quema el balón. 

 

Granger no estuvo fino, pero peor estuvieron otros como Toolson -desaparecido una vez más en partido grande-, Markovic o Fran Vázquez. También habría que descubrir la razón por la que un jugador franquicia no puede jugar más de 25 minutos con Plaza en el banquillo. A no ser que seas el Barça o el Madrid, no se entiende. Pero es que en el Madrid, por ejemplo, Llull jugó 33 minutos en las semifinales. Y no pasa nada. 

 

Si Plaza decía que le importaba jugar la final como fuera, aunque luego tuviera que jugar el utilero o él mismo por la fatiga de sus jugadores, entonces habría debido mantener a los que marcan la diferencia más tiempo en el parquet. Lo mismo hubiese perdido también el Unicaja. Pero eso ya nunca lo sabremos. Lo que está claro es que la palabra `equipo` llevada a la radicalidad no es buena. Está bien querer hacer partícipes de todo a todos, pero hay momentos en los que hay que ver que no es una ONG sino un equipo profesional. Y de lo que se trata es de ganar, no de que todos estén contentos. Porque, a veces, ni jugando 10 minutos un tío es feliz. Y en partidos como una semifinal de Copa, hay que jugar como si fuese la gran finalísima, como si nada más te quedara. 

 

En cualquier caso, bravo por el Unicaja, porque ha dado un paso adelante en esta Copa, quizás no suficiente para contentarnos a todos, pero todo lo que sea evolucionar debe ser bien visto. Y con los dos mastodontes con los que lucha, bastante tienen los malagueños con liderar la ACB desde hace dos meses. A ver lo que aguanta.