LA PRIMERA, A RITMO DE ANTOÑÍN (2-1)

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Antoñín fue el mejor de los malaguistas // Marilú Báez

@JuanjeFernandez || Tenía que ser contra el Oviedo. El Málaga de Víctor Sánchez del Amo puso punto y final a su crisis de cuatro meses y seis partidos sin ganar en casa. Lo hizo el técnico madrileño contra el cuadro ovetense, su primera víctima local como malaguista. El cuadro de La Rosaleda se movió a ritmo de Antoñín. El canterano hizo el primer gol y provocó el penalti que desencadenó el segundo. Munir se llevó la nota negativa con un fallo clamoroso en el tanto del Oviedo. El Málaga ya está fuera de los puestos de descenso y pasará la noche a seis puntos del tercero. 

 

El Málaga salió con ímpetu al terreno de juego llevando la pelota con rapidez al área de Nereo Champagne con buenas jugadas de Cifu y Adrián que metieron el miedo en el cuerpo a un Oviedo muy contemplativo en los compases iniciales. Una buena acción colectiva malaguista volvió a poner el uy en la boca de sus aficionados cuando un centro de Renato fue rozado lo justo por Sadiku para poner de nuevo en apuros al meta carbayón, era el minuto 10 y el Málaga era superior. 

 

El encuentro era malaguista pero el Oviedo también asustaba con Ortuño y Sangalli creando peligro sobre la portería de Munir. Renato Santos era el más fino de los jugadores blanquiazules y con una buena jugada individual volvía a probar suerte sobre el arco visitante. Sangalli se lesionaba y La Rosaleda aprovechaba el parón para cantar contra el presidente una vez más. El panameño Bárcenas le sustituía y el choque entraba en un tramo algo más tranquilo que el del primer cuarto de hora. 

 

Fue de nuevo el Málaga el que se acercó al gol con un córner cerrado de Pacheco que se estrelló en el palo de la portería de Champagne tras rechazar la bola en él. La Rosaleda pidió gol pero la bola no entró claramente. El encuentro llegó al final de los primeros cuarenta y cinco minutos con el Málaga volcado pero con la poca fortuna habitual de cara a puerta que ha acompañado al equipo desde que arrancó el curso, (0-0).

 

El segundo tiempo no hacía presagiar que sería el Málaga el primero en marcar. Un pelotazo de Luis Hernández fue a parar a las botas de Antoñín, el único que creyó en la bola. El de La Palmilla se fabricó un recorte de la nada y cruzó con estilo y potencia ante Champagne. La Rosaleda se caía con su nuevo ídolo. Un gol de fe, un gol de creyente. El tanto sentó fatal al Oviedo que empezó a hacer aguas en defensa cada vez que quería marcharse al ataque.

 

En una de esas Antoñín apareció de nuevo en escena. El canterano ganó la espalda de Nieto y fue derribado por el defensor visitante. La jugada, tras su revisión pertinente en el VAR, acabó siendo el dos a cero obra de Adrián González. El capitán no engañó a Champagne pero sí acertó a anotar. El Oviedo se deshizo y comenzaron a llegar los nervios en Rozada que daba entrada a Joselu. El Málaga hacía lo propio con Juanpi e Hicham que llevaban la manija del equipo a la contra. El partido tuvo emoción hasta el final por una cantada de Munir que provocó el gol de Ibrahima Baldé, el más listo de la clase. Los nervios llegaron al banquillo malacitano para un Víctor que acabó expulsado en los compases finales. La sangre no llegó al río y el Málaga ganó su primer choque en casa de este temporada a las puertas del mes de noviembre.